O las instrucciones sin sentido en los trabajos creativos.

No importa la industria, el puesto o el giro del negocio, la creatividad se necesita en todos los procesos, incluso en los más administrativos y tediosos. La creatividad para desarrollar ideas, para organizar todo, para gestionar los detalles, a los trabajadores y cada una de las situaciones a las que hay que enfrentar. Sin embargo, en las industrias creativas como la publicidad, el diseño y audiovisual, le creatividad suele brillar por su ausencia.

Lo normal sería que los roles de mayor toma de decisiones tuvieron un flujo de trabajo efectivo y, valga la redundancia, creativo. Que fuera abierto al diálogo, a las ideas y al trabajo en equipo. Sin colaboración, la creatividad se queda coja, manca y chata; en especial en la industria audiovisual donde los diferentes departamentos necesitan colaborar entre sí para llegar al resultado deseado. Y como siempre (o casi siempre) en todas (o casi todas) las industrias, ese trabajo en equipo, la gestión de personalidades, personas e ideas suele ser lo más complicado. ¿Quién tiene la culpa de que esto sea tan complicado?, sin duda todos los involucrados, aunque también hay responsables directos, los jefes, los que deberían dar los comentarios asertivos, gestionar los egos, dar el voto del desempate, decidir.

Las ideas suelen ser muy abstractas, difíciles de explicar y de entender; existen varios mecanismos para presentar lo que a uno se le ocurre, argumentar con solidez y defender dichas ideas que crezcan, se hagan más robustas y se consoliden gracias a la visión y el trabajo de todos los miembros del equipo. Sin embargo, es muy común que la explicación de las ideas, la ruta que debe tomar el equipo, la claridad necesaria; no sean brindadas por los responsables, por los jefes, por quien tiene la capacidad de cambiar el rumbo del proyecto.

Es la falta de solidez, de claridad y de argumentos lo que destruye la moral, el espíritu de equipo y, muchas veces, el resultado final. No es que se haga a propósito, que alguien esté dispuesto a sabotear el trabajo propio y el de los demás por imponer una idea o por la falta de recursos para explicarla al resto; de todas formar se crean tensiones, desencuentros y distintos puntos de vista que de ser bien encaminados, harán que el proyecto crezca pero de no hacerlo, por la falta de liderazgo, de claridad, de entendimiento y empatía, condenan el trabajo de una o más personas en detrimento al ego de quien no puede estar a la altura de la situación.

«Métele más diseño», «que tenga más carnita», «que tenga más jiribilla». Son sólo unas de las tantas frases que se usan cuando las ideas no están claras, cuando los jefes no saben lo que piden, cuando no alcanzan los argumentos y comienzan las demandas por jerarquía. Los organigramas y los puestos funcionan cuando están al servicio de todos; cuando la cadena de mando se vuelve un látigo de órdenes que se alejan de los argumentos, de las ideas y del ambiente creativo, siempre habrá alguien que parezca el loco que no se adapta, que va contracorriente, que no sabe trabajar en equipo.

Ese alguien nunca será el jefe, ni quien le siga la corriente, ni quien guarde silencio aunque esté en desacuerdo con lo que ocurre. El loco que va en contra de la jiribilla es el eslabón más débil, porque bien pudo conformarse con las órdenes, quedarse en silencio, pero no. A ese loco igual le hace falta prudencia para comunicar su inconformidad y mejorar las formas para intentar debatir. Sin embargo, ¿cómo se debate con alguien que no tiene argumentos y sólo se basa en opiniones sin solidez?.

Pronto habrá más contenido en distintos formatos. Sigan al pendiente.

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La chamba

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