Marzo, abril, mayo y junio de 2025. Península de Yucatán, Xalapa, Veracruz y Ciudad de México.
Desde la última cita con el doctor, donde la idea principal se centró en las sensaciones. Todo porque la conciencia sobre la lesión y la cirugía indica que todo está ahí, muy presente, muy reciente. Sin embargo, la realidad indica que todo está más que bien: todo está sanado, arreglado y compuesto; ahora toca entrar a la normalidad sin miedo, con precauciones pero sin temor.
Como todo, hay que comenzar con lo más básico, en este caso: caminar. Hacerlo con constancia, cada día un poco más, con firmeza y sintiendo seguridad para justo eso, crear la sensación de que todo está bien porque así lo es. Marzo se trató de eso, de caminar y comenzar a probar cosas que había dejado de lado. Entre sesiones de gimnasio y viajes inesperados, los pasos se fueron incrementando y todo se puso a prueba en la península de Yucatán.
Un viaje a Playa del Carmen, Cozumel, Bacalar y Mérida fue la prueba perfecta. Caminar mucho con maletas y sin ellas, en el calor y en la noche, sobrio y no tanto. Fue descubrir playas casi vírgenes y redescubrir cenotes. Volví a bucear en Cozumel, viendo animales y arrecifes increíbles, bajando y subiendo a la embarcación con todo y equipo – que pesa bastante –sin mayor molestia más la que me hago en la cabeza. Regresé a hacer apnea a casi un año de la última vez en el cenote maravilla. No fueron las bajadas que esperé ni las sensaciones que quería pero fue positivo saber que puedo volver a bajar y retomar todo esto.
Por primera vez me tocó bucear en cenotes y la cabeza me explotó. La suspensión en el agua, las haloclinas, las estalactitas, los fósiles en las paredes, el agua fría, la oscuridad, el silencio. Nos advirtieron los guías: uno no regresa igual después de que buceo en los cenotes. Muy distinto a la apnea, mucho más contemplativo. Ya ahondaré más al respecto.
Abril se trató de consolidar la plena mejoría. Yendo a casa de los padres para verlos, también encontrarme con los sobrinos, con tíos, primos y la abuela. Entre abril y mayo hubo mucha zozobra por temas de salud de la matriarca de la familia. Siento que, dentro de todo, la perspectiva de las cosas indica que una señora de 85 años ya podría pedir descansar y los demás respetar la decisión pero no es tan simple. Hace falta otra publicación extensa para hablar de todo esto, de la adultez y las familias, de nuevo de la muerte o el acecho de ella, de la vejez, la lucidez y el dejar ir, soltar.
En esta visita a casa, subí un pequeño cerro para ver unas plantas de café que mi papá y un tío plantaron hace tiempo. Otra prueba más rodilla, la confianza y la estabilidad. Todo en orden y con muchas ganas de volverlo a hacer, de continuar así, de no parar. Hacía 18 años que no pasaba tantos días en casa de mis padres, sé por qué no lo hacía (y lo sigo pensando) pero entre la salud de la abuela y la compañía familiar, esta vez se sintió necesario estar.
Junio llegó para representar los diez meses de la lesión y los nueve de la cirugía. Tiempos para el alta médica en cuanto a los promedios se refiere. También comenzó con el regreso de hábitos como correr. Un plan de entrenamiento para llegar a correr 5 kilómetros, sesiones entre veinte y treinta minutos. De nuevo la confianza crece, la motivación también y las ganas de seguir así se mantienen.
Esta entrada del diario se siente casi como el final. La recuperación parece completa, aunque no hay un alta oficial como tal. Aún así, entre las molestias cada vez más lejanas y casi olvidadas, viviendo la franca mejoría y queriendo mantenerla, salieron varios temas que serán abordados dentro de poco. La recuperación como fuente de inspiración será uno de ellos.





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